Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Pero eso habÃa sido de recién casados. Después, con el descubrimiento de que podÃa estar celosa de Anthony, Gloria —al menos exteriormente— habÃa cambiado de idea. No existÃa ningún otro hombre en el mundo para ella. Esto Anthony habÃa llegado a saberlo sin la menor posibilidad de duda. Convencido de que la exigente manera de ser de su esposa bastarÃa para que se contuviera, Anthony habÃa descuidado la tarea de conservar en su integridad el amor de Gloria, que; después de todo, era la piedra angular de toda su estructura vital.
Mientras tanto habÃa mantenido a Dot durante todo el verano en una pensión de la ciudad. Para hacerlo se habÃa visto obligado a escribir a su agente de bolsa pidiéndole dinero. La muchacha ocultó el viaje hacia el sur marchándose de su casa un dÃa antes de que la brigada levantara el campamento, e informando a su madre mediante una nota de que se iba a Nueva York. La tarde del siguiente dÃa Anthony se presentó en la ciudad como si fuese a verla. Mistress Raycroft se hallaba en un estado de total postración y en la sala de visitas habÃa un policÃa que procedió a interrogarla; Anthony logró a duras penas no verse mezclado en la desaparición de la muchacha.