Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Durante las horas de trabajo Anthony se esforzaba en la tarea, lleno de inquietud, tratando, a medida que el dÃa avanzaba hacia la sofocante puesta de sol de Mississippi, de cansarse y conseguir asà dormir profundamente por puro agotamiento fÃsico… Luego, una tarde durante la segunda semana, tuvo la impresión de que dos ojos lo estaban vigilando desde un lugar muy próximo, detrás de uno de los guardianes. Esta sensación despertó en él una especie de terror. Se volvió de espaldas a los ojos y siguió echando paletadas febrilmente, hasta que no tuvo más remedio que dar la vuelta e ir en busca de más grava. Entonces los ojos entraron de nuevo en su campo de visión, y sus nervios, ya tensos, llegaron a un punto lÃmite. Aquellos ojos lo miraban maliciosamente. Desde el silencio abrasador oyó pronunciar su nombre con entonación trágica, y la tierra se inclinó absurdamente atrás y adelante hasta llegar a una caótica mezcla de gritos y confusión.