Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Por cierto —dijo Rachel media hora después, cuando se disponÃan a marcharse—, ¿podrÃas venir a cenar mañana por la noche? He invitado a dos oficiales encantadores que están a punto de salir para Europa. Creo que debemos hacer todo lo posible para que lo pasen bien.
Gloria aceptó con mucho gusto. Apuntó la dirección, reconociendo por el número de Park Avenue que se trataba de un edificio de apartamentos muy elegante.
—Me alegro muchÃsimo de haberte visto, Rachel.
—Ha sido estupendo, y yo también tenÃa muchas ganas de verte.
Con aquellas tres frases, cierta noche en Marietta dos veranos antes, en que Anthony y Rachel se habÃan mostrado innecesariamente interesados el uno por el otro, quedó perdonada: Gloria perdonó a Rachel y Rachel perdonó a Gloria. También quedó perdonado que Rachel hubiera sido testigo del mayor desastre en la vida de Mr. y mistress Anthony Patch…
Haciendo concesiones a los acontecimientos, el tiempo sigue su curso.