Hermosos y malditos

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Los ardides del capitán Collins

Los dos oficiales eran capitanes de una sección de ametralladoras, especialidad que había llegado a hacerse muy popular. Durante la cena hablaron de sí mismos con fingida indiferencia como miembros del Club de los Suicidas: en aquellos días hasta la rama más recóndita de las fuerzas armadas hablaba de sí misma como el Club de los Suicidas. Uno de los capitanes —el de Rachel, según pudo observar Gloria era un hombre alto de aire caballuno y unos treinta años de edad, con un agradable bigote y dientes muy feos. El otro, el capitán Collins, era regordete, sonrosado y con tendencia a reír a carcajadas cada vez que Gloria lo miraba a los ojos. Se sintió atraído por ella desde el primer momento y se pasó toda la cena lanzándole piropos anodinos. Después de la segunda copa de champán, Gloria decidió que, por primera vez desde hacía meses, lo estaba pasando francamente bien.






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