Hermosos y malditos
Hermosos y malditos En febrero Gloria tuvo una experiencia completamente distinta. Tudor Baird, un antiguo pretendiente suyo, con quien en cierta ocasión había estado completamente decidida a casarse, apareció por Nueva York en calidad de miembro del Ejército del Aire y se presentó a verla. Fueron varias veces al teatro y, en menos de una semana, con gran satisfacción de Gloria, Tudor estaba tan enamorado de ella como siempre. Ella lo provocó de manera deliberada, dándose cuenta demasiado tarde de que le había hecho una mala jugada. Llegó un momento en que, cada vez que salían juntos, él se limitaba a estar en silencio a su lado, sintiéndose muy desgraciado.
