Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Al informarla Mr. Haight de que el juicio no se celebrarÃa hasta el otoño, Gloria decidió trabajar en el cine sin decÃrselo a Anthony. Cuando viera su éxito, tanto artÃstico como financiero, cuando viera que podÃa conseguir lo que quisiese de Joseph Bloeckman, sin entregar nada a cambio, desaparecerÃan sus estúpidos prejuicios. Se pasó despierta media noche planeando su carrera y disfrutando anticipadamente de sus éxitos, y a la mañana siguiente llamó por teléfono a Films Par Excellence. Mr. Bloeckman estaba en Europa.
Pero esta vez la idea habÃa hecho presa en ella con tanta fuerza que decidió recorrer las agencias de colocaciones relacionadas con la industria cinematográfica. Como ya habÃa sucedido muchas otras veces, su sentido del olfato tuvo un efecto muy adverso sobre sus buenas intenciones. La agencia que visitó olÃa como si llevase muchÃsimo tiempo muerta. Esperó cinco minutos mientras examinaba a sus poco atractivos competidores, y luego se dirigió a buen paso a los rincones más apartados de Central Park, quedándose allà tanto tiempo que se enfrió. Estaba tratando de airear su traje de calle para que desapareciera el aroma de la agencia de colocaciones.