Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Mientras Mr. Carleton acumulaba afirmaciones una encima de otra, Anthony empezó a sentir una especie de hastiada confianza en él. Aquel hombre parecía saber de qué estaba hablando. Indudablemente próspero, se había elevado lo suficiente como para instruir a otros. A Anthony no se le ocurrió que el tipo de hombre que alcanza el éxito comercial raras veces sabe cómo o por qué, y que si, como en el caso de su abuelo, le atribuye unas razones, son generalmente inexactas y absurdas.