Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —¿Ha estado alguna vez en un estudio? —preguntó Mr. Debris, con una mirada que era sin duda la quintaesencia de la perspicacia—. ¿No? Bien, voy a explicar le exactamente qué es lo que va a pasar. Vamos a hacerle lo que nosotros llamamos una prueba para ver qué tal da usted en fotografÃa, si se comporta con naturalidad en el escenario y cómo responde a las instrucciones que se le vayan dando. No hay ninguna necesidad de que se ponga nerviosa. El operador rodará unos cientos de pies de pelÃcula con un episodio que tengo señalado en el guión. Con eso estaremos ya en condiciones de enterarnos de todo lo que queremos saber.
Con un guión mecanografiado en la mano, Mr. Debris explicó a Gloria la escena que tenÃa que representar. Una tal Barbara Wainwright se habÃa casado en secreto con el socio más joven de la firma cuyas oficinas estaban allà representadas. Al entrar un dÃa por casualidad en el despacho vacÃo, la joven sentÃa la natural curiosidad por el sitio donde trabajaba su marido. Sonaba el teléfono y después de unos instantes de vacilación, lo contestaba. Se enteraba de que su marido habÃa sido atropellado por un automóvil, muriendo instantáneamente. La muchacha quedaba sobrecogida. Al principio era incapaz de darse cuenta de lo sucedido, pero terminaba por comprenderlo y caÃa desmayada al suelo.