Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —De hecho —murmuró Anthony imprudentemente—, fue usted quien lo dijo todo; pero si viene por aquà mañana…
Al llegar a este punto el taxista se asomó por la ventanilla y dijo con tono feroz:
—¡AtÃzale una buena a ese desgraciado! ¡Si no fuera un borrachÃn no lo habrÃan echado a la calle!
En respuesta a esta sugerencia, el puño del samaritano salió disparado como un ariete, derribando a Anthony contra los escalones de piedra de la casa de apartamentos. El joven Patch quedó inmóvil, mientras los altos edificios se balanceaban de un lado para otro por encima de su cabeza…
Al cabo de un buen rato se despertó y notó que hacÃa mucho más frÃo. Trató de moverse, pero sus músculos se negaron a funcionar. Se sentÃa extrañamente ansioso de saber la hora que era, pero al ir a buscar su reloj, no encontró más que el bolsillo vacÃo. Sin darse cuenta, sus labios pronunciaron la frase inmemorial:
—¡Vaya una noche!