Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet He recibido la caja de cartón, envío del señor Du Camp. La he abierto; no sé por qué, pero un aroma sentimental me ha subido al corazón. En los pliegues de papel azul que cubrían su interior había quedado algo de tus dedos; todo estaba bien arreglado, encantador. Luego casi me dio lástima haberlo tocado. Cuando las novias destapan su cesta de boda, deben sentir algo análogo, menos fino quizá. He vuelto a ver la pobre rama de hiedra con las marcas de las gotas de lluvia de Mantes. Me lancé sobre el cuadernito y leí ávidamente toda la obra, sobre todo la parte central, que no conocía.
Pero iba aprisa; temía ser molestado. Era en mi habitación de Ruán. Cuando haya terminado esta carta, pondré manos a la obra, y la próxima vez te enviaré mis observaciones. Hay un verso que recuerdo, y me ha hecho reír muchísimo:
Como un búfalo indómito de los desiertos de América.
¡Vaya triste búfalo que soy! Y la rima atlética, que viene después, no está hecha para mí. Soy de temperamento muy poco atrevido; pero el cuerpo siempre se siente un poco como el alma, y el guante toma el hábito de la mano. Por lo demás, me ha parecido que había cosas auténticamente buenas.