Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet […] ¿Sabes que si quisiera hacerme el incomprendido, me sería fácil? En tu notita de anteayer me dices estar segura de que nunca te he querido, mientras que tu corazón te afirma lo contrario. ¿Para qué esa mentira que te dices a ti misma? ¿Acaso cuando me miras no ves que te amo, di? ¡Atrévete a negarlo! Vamos, sonríe, bésame; no me reproches el que te hable de Shakespeare en vez de hacerlo sobre mí mismo. Creo que es más interesante, eso es todo. Y, una vez más, ¿de qué hablar, si no es de la preocupación exclusiva de nuestra mente? Para mí, no sé cómo hacen para vivir los que no están de la mañana a la noche en un estado estético. He saboreado tanto como otros los placeres de la familia; tanto como un hombre de mi edad, los placeres de los sentidos; más que muchos, los del amor. Pues nadie me ha dado un placer que se acerque a los que me han proporcionado algunos muertos ilustres cuyas obras leía o contemplaba.
Las tres cosas más hermosas que ha hecho Dios son el mar, Hamlet y el Don Juan de Mozart. […]