Cartas a Louise Colet

Cartas a Louise Colet

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

[…] No, no te reprocharé tus reproches. ¡Que su injusticia recaiga sobre ti! Temes que te envíe asperezas; pues no, sólo te mando besos, sólo caricias. Querría poder enviarte una melodía lánguida para encantarte, como se hace con las criaturas al dormirlas, o uno de esos buenos perfumes que, a la vez que te hacen morir, parecen darte una nueva vida. ¿Por qué, alma mía, no quieres que vuelva a decirte que te amo? Por lo demás, ése es el sino de los sentimientos auténticos: no se creen. Si hubiera presumido, mentido o exagerado, quizá no tendrías en este momento todas esas dudas que te corroen. No sé qué decirte; con cualquier palabra temo hacer sangrar tu pobre corazón, sobre el que pongo el mío. Pero ¿tengo aspecto de mentiroso? Si no te quisiera, ¿te enviaría cartas como las mías, en que te lo digo todo, todo? ¡Cuidaría mi estilo, redondearía mis frases! No, tú misma no te crees lo que dices. Son el hastío, el deseo, la desdicha de la vida, por último, quienes te hacen decir todo eso. ¿Es que no me conoces ahora? Cierto es que no soy tan fácil de conocer. ¿No estás segura de mí? Yo lo estoy de ti, de tu presente, de tu futuro, incluso de tu pasado. ¿Te he hecho acaso una sola pregunta sobre tu pasado? ¿Qué me importa? Lo tomo con lo demás, sin preocuparme; no tengo celos de nada, de nadie. Pienso en ti a todas las horas del día. Tu imagen me sonríe, me acompaña, me rodea, duermo con ella. Es quien me despierta; tiñe mis días con un reflejo sonrosado y suave. Si habías contado con hallar en mí la acritud de las pasiones adolescentes y su fogosidad delirante, tenías que haber evitado a este hombre que desde un principio se declaró viejo y mostró su lepra antes de pedir que lo amaran. He vivido mucho, Louise; mucho. Quienes me conocen con alguna intimidad se asombran de encontrarme tan maduro, y lo soy más aún de lo que piensan. Hace aún tres meses pensaba que había terminado con las pasiones, y tenía buenas razones para creerlo. ¡Y crees que no he tenido por ti sino el capricho pasajero que te empuja a levantar las primeras faldas que aparecen, cuyo forro no conoces! Seré más alto o más bajo, pero no soy un hombre como los demás, y no se me debe querer como se quiere a todo el mundo. Me han atribuido sucesivamente, en sociedad, mil cualidades diversas, mil vicios grotescos. Todas estas tonterías tenían un punto de apoyo verosímil. Cuando sólo se mira la verdad de perfil o de tres cuartos, siempre se la ve mal. Hay poca gente que sepa contemplar de frente. ¡Tú te comportas como todos ésos! Pues, para que lo sepas, aunque quisieras no volver a amarme, me amarás siempre, ea, a tu pesar, y estoy orgulloso de ello. No hay quemadura sin cicatriz. Esto permanecerá, puesto que permanece en mí. Aunque estuviésemos diez años sin volver a vernos, nuestros átomos se atraerán apenas se rocen nuestros cuerpos; cuando se toquen nuestros labios, nuestras almas se mezclarán. ¿Recuerdas la noche de Mantes? ¿Recuerdas un grito de sorpresa que lanzaste en determinado momento, tan asombrada estabas de la fuerza humana? Decías que no habías soñado con que el amor llegara hasta ese punto. ¿Era vicio, acaso? Y sin embargo, ¿qué era?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker