Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¿No te has dado cuenta de lo tÃmido y torpe que soy, de lo inseguro, del poco aplomo que tengo? ¡He tenido que sentirme arrastrado irresistiblemente! A estas horas, aún me extraña que me quieras a mÃ, y que yo te quiera. Me parece una anomalÃa de mi naturaleza, una metamorfosis, un renacimiento, si lo prefieres. Pero ¡qué dulzura encuentro en tu recuerdo! ¡Si supieras cuántas veces al dÃa revolotea mi pensamiento sobre ti, se posa sobre tus pechos, se columpia al borde de tus cabellos, se ilumina al fuego húmedo de tus ojos!
Me dijiste ayer que era la poesÃa de tu sol poniente. Si soy tu último amor, quizá eres también el mÃo; ¡está tan lejos el primero! Un hombre más joven te habrÃa amado con más exclusividad, más pureza, más Ãmpetu, pero quizá menos tiempo, con menos profundidad, menos Ãntimamente. SÃ, siempre, siempre, e incluso cuando ya no te ame, la ternura hacia ti removerá el fondo de mi corazón. QuerrÃa amarte más; querrÃa que lo supieras muy bien; querrÃa poder demostrártelo. […]
Ruán, miércoles, a las dos [2 de diciembre de 1846].