Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Estoy triste, fastidiado, me aburro, no tengo ni una idea en la cabeza. Sin el bueno de Max serÃa para morirse. Ya he vuelto a mi vida chata y monótona, que sólo tiene algún placer en su uniformidad, y alguna grandeza, quizá, sólo en su perseverancia. En cuanto rompo mi ritmo ordinario y quiero volver a él, siento una amargura sin fondo. Hoy, por ejemplo, es algo análogo al hastÃo de los colegiales después de vacaciones. Todo el tiempo transcurre en soñar con el placer que se ha tenido, y uno lamenta no haberlo empleado mejor. Hace veinticuatro horas Ãbamos en coche, bajábamos, paseábamos a pie por el bosque. ¿Has sentido alguna vez la añoranza que producen los momentos perdidos, cuya dulzura no hemos saboreado lo bastante? Cuando ya han pasado es cuando regresan al corazón, llameantes, coloreados, destacando sobre lo demás como un bordado de oro contra un fondo oscuro.
Pienso sin cesar en el coche, y en el sol que pasaba a través de las cortinas amarillas. TenÃas los labios y los párpados de un rosa vivo… No me digas nunca que no te amo, puesto que me haces sentir melancolÃas que nunca habÃa tenido. Siento más el dolor que el placer; mi corazón refleja mejor la tristeza que la alegrÃa. Por eso, sin duda, no estoy hecho para la felicidad, ni quizá para el amor.