Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Quise a una mujer desde los catorce años hasta los veinte sin decírselo, sin tocarla; y después, permanecí cerca de tres años sin sentir mi sexo. Creí por un momento que moriría así, y daba gracias al cielo. Querría no tener ni cuerpo ni corazón, o, mejor aún, quisiera estar muerto, pues la traza que tengo en este mundo es de un ridículo exagerado. Eso es lo que me hace desconfiado y tímido para conmigo mismo.
Eres la única a quien me he atrevido a querer agradar, y quizá la única a quien he gustado. ¡Gracias, gracias! Pero ¿me comprenderás hasta el final? ¿Aguantarás el peso de mi tedio, mis manías, mis caprichos, mi abatimiento y mis retornos arrebatados? Me dices, por ejemplo, que te escriba todos los días, y si no lo hago, vas a acusarme. Pues bien: la idea de que quieres una carta cada mañana me impedirá escribirla. Déjame quererte a mi aire, al estilo de mi ser, con lo que tú llamas mi originalidad. No me fuerces a nada, y lo haré todo. Compréndeme y no me acuses. Si te considerase ligera y necia como las demás mujeres, te engañaría con palabras, promesas y juramentos. ¿Qué me costaría? Pero prefiero quedarme por debajo que por encima de la verdad de mi corazón.