Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Vivamos juntos, pues, ya que te resignas. ¿Recuerdas aquel viernes en que no fui a casa de Fidias? ¡Me lo reprochaste, corazón! Y es que presentÃa para ti todas las molestias que te he causado. Esas lágrimas que derramas, ya las llevaba yo en mi pensamiento como una nube de tormenta en un cielo de verano.
Siempre buena, siempre solÃcita, espiando todo lo que puede hacerme ilusión, me has enviado tu Volney. Te lo agradezco mucho. Mi hermano lo tiene. Pero lo que no tiene es el bonito pañuelo que estaba tan bien envuelto entre los dos tomos. Lo usaré en ParÃs; pronto me lo verás. Mira, ¿quieres que te diga algo que me pesa en el corazón? Vales más que yo, tendrÃas que haber conocido a otro hombre. Siento toda la inferioridad de mi papel, y siento que te hago sufrir, aunque querrÃa poder colmarte de todo. […]
[Ruán, 15 de febrero de 1847]
Has entendido mal, querida amiga, el sentido de mi carta en que te preguntaba si querÃas verme. No hacÃa la pregunta por mÃ, sino por ti. ¿No me has dicho bastante que te hacÃa desdichada?… Parece (ese efecto me produzco a mà mismo) que he sido la calamidad de tu vida. Que a uno le guste el veneno que bebe, o que lo odie, el efecto no cambia; quienes se matan con aguardiente aman el aguardiente.