Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Esto es, pues, lo que había pensado: «Si cree que el verme aún la pondrá peor, si una hora, un día de alegría y de lágrimas mezcladas han de dejarle aún meses amargos, una larga vida de dificultades desgarradoras, cuando no tristes, más vale que por ahora no me vea. Iré a su calle, miraré su casa y me volveré. Si la veo, mejor; si no, eso será todo». Finalmente, te he preguntado si querías curarte. Te ofrecía un medio, una oportunidad, y has creído que era la hipócrita preparación para esto: venir a París sin querer verte.
Además, no habría venido si me hubieses dicho: «Tienes razón, así es mejor». No habría habido necesidad, como me lo recomendabas el domingo en tal hipótesis, de ocultarte el día de mi presencia. No la habría habido en absoluto.
Efectivamente, Fidias me ha invitado a ir el jueves, pero no iré hasta el viernes o el sábado. Probablemente tendré que ausentarme de Ruán el miércoles por la noche. Así, si vas a contestarme antes de que nos veamos, que sea en seguida.