Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¡Conque vamos a vernos, pobre amiga mÃa! Tengo ganas de verte, pero será tan poco… ¡Vas a decir que lo enveneno todo de antemano, y que siempre hablo de la podredumbre que sufrirá la fruta, cuando apenas sale de la flor! ¡Desgraciadamente, sÃ! ¡Asà que no tengo ni la dicha bienaventurada de los que se sientan a la mesa, alzando su vaso muy alto para que se lo llenen hasta rebosar, ni la tristeza agria, ni los sudores frÃos de los que se despiertan al dÃa siguiente en medio de los cacharros rotos y de su corazón desgarrado!
Parece que nuestro amigo Max ha estado a punto de ir a ver a Plutón. Si ha fallado, mejor para mÃ, y peor para él. Cuando se tiene un poco de humanidad, uno no puede evitar el desear la muerte a los que ama. ¡Y dirán que tengo el corazón duro!
¿Por qué pensar, o decir al menos, que si me pidieras que escuchase tu drama harÃa oÃdos sordos? Eso no te lo perdono. Son ideas que te metes en la cabeza. Tu gloria me es más querida que la mÃa, ¡si tuviera una! Quiero decir que tengo más ganas de oÃr cómo te aplauden que cómo me aplauden a mÃ.
Adiós, mil besos en los labios.
[Ruán] Sábado, a las cinco [¿febrero de 1847?].