Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Ahora hablemos de nosotros. Me pides que te mande al menos una última nota de adiós. Pues bien, desde lo más hondo de mi corazón te doy la más Ãntima y la más dulce bendición que se pueda posar sobre la cabeza de alguien. Sé que lo habrÃas hecho todo por mÃ, que aún lo harÃas, que tu amor habrÃa merecido un ángel y estoy desolado por no haber podido responder. Pero ¿es culpa mÃa? ¿Es culpa mÃa? HabrÃa querido amarte como tú me amabas, he luchado en vano contra la fatalidad de mi naturaleza, nada, nada. El cardo sólo es bueno para los asnos, peor para quienes se acuestan sobre él como si fuera césped. Los átomos ganchudos —como habrÃan dicho los filósofos del siglo pasado— que hay en nosotros son repulsivos unos, atractivos otros. Los pocos atractivos que habÃa en nuestros dos seres giraron en torbellino, y se encontraron primero. Luego llegaron los repulsivos, y subieron como una avalancha inmensa.