Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Una palabra más. Vuelves a nuestras diferencias de inteligencia, a Nerón, etc. (¡Nerón!). No hablemos más del asunto, será más prudente. Estas explicaciones, además de costarme producirlas, me hacen un daño tremendo. SÃ, un daño inaudito, pues tocan demasiado cerca lo más profundo de mà mismo.
Si esta carta te duele, si es el golpe que aguardabas, pienso que no es un golpe tan duro. ¡Tanto me rogabas que te matase! Por lo demás, acúsate solamente a ti misma. Me has pedido de rodillas que te ultrajase. ¡Pues no! Te envÃo un buen recuerdo.
Te equivocas al decir que soy bueno para los demás y duro solamente para ti, y tomas como ejemplo el que no guardo rencor a Fidias por todos sus manejos. ¡Dios mÃo, no! Puede redoblarlos, exagerarlos cuanto quiera; me reiré. ¿Qué me importa? ¿Qué le pido yo? Su compañÃa cuando voy a verle, él en persona; si fuese otra, ya no serÃa el que yo deseo.
Quimper, 11 de junio [de 1847].