Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet El contemplar una vida que una pasión violenta —de la Ãndole que sea— ha vuelto miserable es siempre algo instructivo y altamente moral. Eso rebaja, con una ironÃa aullante, tantas pasiones banales y manÃas vulgares, que uno queda satisfecho al pensar que el instrumento humano puede vibrar hasta ese extremo y subir hasta tonos tan agudos.
Pero lo que también me ha conmovido es que tú recibieras su carta y pensases que era mÃa. Lo he comprendido, sÃ, y lo que tú experimentaste. Te beso en el corazón, por el dolor que sentiste.
Ha habido un malentendido entre nosotros. Creo que yo te habÃa dicho sucesivamente que esperarÃa cartas tuyas en Brest, en Saint-Malo, en Rennes. Asà que estaré de nuevo en Rennes dentro de cuatro o cinco dÃas, y luego en Fougères, en Caen y en Trouville. Volveré a Croisset para añorar mi viaje, como siempre ocurre. Voy a tratar, este invierno, de trabajar bastante violentamente. Tengo que leer a Swedenborg y a Santa Teresa. Dejo para después mi San Antonio. ¿Qué le vamos a hacer? Aunque nunca conté con hacer algo bueno al respecto, más vale no escribir nada que ponerse a la obra mal preparado.