Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Con todo, leo a Santa Teresa y al doctor Strauss. Tengo ganas acuciantes de ir a vivir fuera de Francia. Me vuelven, a bocanadas, apetitos de peregrinaciones desmedidas. «Ay, ¿quién me dará las alas de la paloma?», como dice el salmista. Si tuviera esas alas, iría hacia ti, querida y buena amiga, iría, aunque no fuese más que por ti. Pero sería por mí también, pues te deseo a menudo y pienso en ti a diario. ¡Si supieras qué encadenado estoy aquí! ¡Ay, las dulces tiranías! ¿Por qué, cuando estamos juntos, nuestros caracteres y nuestras ideas chocan siempre? Hay algo ahí que no depende de nosotros, y que es amargamente fatal. Trataremos de arreglarnos mejor, ¿verdad?
Deja que te bese por tu amor, por tu buen corazón. No tengas más iras de ésas que me afligen y me irritan. Adiós. Un largo beso en tus senos.
Tuyo.
[La Bouille] Domingo, once de la noche [29 de agosto de 1847].