Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Vas a ir al campo con Henriette. A menudo pienso en esa niña. Me parece que es algo mío, y que soy un poco pariente suyo. Le deseo mucho césped, y mariposas. […]
Adiós, querida, un beso muy fuerte. Ponlo donde quieras, y que ahí se quede.
Croisset. Viernes, once de la noche [17 de septiembre de 1847].
[…] He hojeado el libro de Thoré. ¡Qué charlatanería! ¡Qué feliz me considero viviendo lejos de todos esos tipos! ¡Qué falsa instrucción! ¡Qué chapeado, qué vacío! Estoy cansado de todo lo que se dice sobre el Arte, sobre lo Bello, sobre la idea, sobre la forma; es siempre la misma canción, ¡y qué canción! Cada vez me da más pena esa gente y todo lo que se hace ahora. Cierto es que ahora me paso todas las mañanas con Aristófanes. Eso sí que es hermoso, inspirado e hirviente. Pero no es decente, no es moral, ni siquiera es decoroso; es sencillamente sublime.