Cartas a Louise Colet

Cartas a Louise Colet

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Desde arriba del Arco de Triunfo, los parisinos no parecen altos, ni siquiera los que van a caballo. Cuando uno está encaramado en la Antigüedad, tampoco los modernos le parecen muy elevados de estatura. Cuando me analizo al respecto, no creo que haya en mí sequedad ni endurecimiento, en esa restricción gradual de mis admiraciones. A medida que me aparto de los artistas, me entusiasmo más por el Arte. Llegaré por mi propia cuenta a no atreverme más a escribir una línea, porque de día en día me siento cada vez más pequeño, flaco y débil. La Musa es una virgen con el virgo de bronce, y hay que ser un barbián para…

No, el espanto del pobre artista ante la belleza, si es impotencia, no es ni dureza ni escepticismo. La mar parece inmensa vista desde la orilla. Sube a la cima de las montañas, y resulta mayor aún. Embárcate sobre ella, y todo desaparece; ¡olas, olas! ¿Qué soy, en mi pequeña chalupa? «¡Amparadme, Dios mío, la mar es tan grande y mi barca es tan pequeña!» Lo dice una canción bretona, y yo también lo digo, pensando en otros abismos. […]

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[Croisset] Sábado, dos de la madrugada [octubre de 1847].


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