Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet El cielo te ha hecho hermosa, abnegada, inteligente; quisiera ser distinto de como soy, para ser digno de ti. QuerrÃa tener los órganos del corazón más nuevos. No me reanimes demasiado; arderÃa como la paja. Vas a creer que soy egoÃsta, que tengo miedo de ti. ¡Pues asà es! Estoy espantado de tu amor, porque siento que nos devora a ambos, sobre todo a ti. Eres como Ugolino en su cárcel, te comes tu propia carne para saciar el hambre.
Algún dÃa, si escribo mis Memorias —lo único que escribiré bien, si me pongo a ello—, tendrás tu puesto en ellas, ¡y qué puesto!, pues has abierto una amplia brecha en mi existencia. Me habÃa rodeado de un muro estoico; una de tus miradas, como una bala de cañón, lo ha arrasado. SÃ, con frecuencia creo oÃr a mis espaldas el frufrú de tu vestido sobre mi alfombra. Me sobresalto, y me vuelvo al ruido de la puerta, que mueve el viento, como si entrases tú. Veo tu hermosa frente blanca; ¿sabes que tienes una frente sublime? Demasiado hermosa incluso para ser besada, una frente pura y alta, reluciente por lo que encierra. ¿Sueles volver a casa de Fidias, a ese buen taller donde te vi por primera vez, en medio de los mármoles y yesos antiguos?