Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Ha de venir pronto, el bueno de Fidias. Espero una palabra suya que me sirva de pretexto para ausentarme un día. Después, hacia los primeros días de septiembre, ya encontraré uno para ir hasta Mantes o a Vernon. Y luego, ya veremos. Pero ¿para qué acostumbrarnos a vernos, a querernos? ¿Para qué colmarnos con el lujo de la ternura, si después hemos de vivir en la miseria? ¿De qué sirve? Pero ¿y si no podemos evitarlo?
Adiós, alma mía; acabo de bajar al jardín, y en un seto de rosales he cogido esta pequeña rosa que te envío. Dejo un beso sobre ella; póntela en seguida en la boca, y luego, ya adivinas dónde…
Adiós, mil cariños; tuyo, tuyo de la noche a la mañana, de la mañana a la noche.
[Croisset] Martes por la tarde [11 de agosto de 1846].