Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Ha pasado la época de lo Bello. La humanidad, incluso si vuelve a ello, no lo necesita para nada de momento. Cuanto más avance, más cientÃfico será el Arte, asà como la ciencia se volverá artÃstica. Ambos se reunirán en la cumbre, después de haberse separado en la base. Ningún pensamiento humano puede prever ahora ante qué deslumbrantes soles psÃquicos eclosionarán las obras del futuro. Entretanto, estamos en un pasillo lleno de sombras; tanteamos en las tinieblas. Nos falta una palanca; la tierra resbala bajo nuestros pies; nos falta un punto de apoyo a todos, literatos y escritorzuelos que somos. ¿De qué sirve? ¿A qué necesidad responde este parloteo? No hay lazo alguno entre la muchedumbre y nosotros. Peor para la multitud, y sobre todo peor para nosotros. Pero como cada cosa tiene su razón, y como la fantasÃa de un individuo me parece tan legÃtima como el apetito de un millón de hombres, y como puede ocupar tanto lugar en el mundo, es preciso, hecha abstracción de las cosas y con independencia de la humanidad que reniega de nosotros, vivir para nuestra vocación, subir a nuestra torre de marfil y allá, como una bayadera entre sus perfumes, quedarnos solos con nuestros sueños. A veces tengo grandes hastÃos, grandes vacÃos, dudas que se rÃen en mi cara, en medio de mis satisfacciones más ingenuas. Pues bien: no cambiarÃa todo eso por nada, pues me parece, en conciencia, que cumplo con mi deber, que obedezco a una fatalidad superior, que hago el Bien, que estoy en lo Justo.