Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Esta semana va a fastidiarme la llegada de unas primas (desconocidas) bastante descocadas, parece ser, al menos una de ellas. Son unas parientes de Champaña, cuyo padre es director de no sé qué sección de contribuciones en Dieppe. Mi madre fue a verlo ayer y anteayer, días en que me quedé solo con la institutriz. Pero no temas, no flaqueó mi virtud, y ni siquiera pensó en flaquear. A fines de este mes, mi sobrina, la nena de mi hermano, va a hacer la primera comunión. Estoy invitado a dos cenas y un almuerzo. Me atiborraré; eso me distraerá. Si uno no se empapuza en esas solemnidades, ¿qué puede hacer? Ya estás, pues, enterada de mi vida exterior. En cuanto a la interior, nada nuevo. He leído Rodogune y Théodore esta semana. ¡Qué cosa inmunda, los comentarios del señor de Voltaire! ¡Qué idiotez! Y sin embargo, era un hombre ingenioso. Pero el ingenio sirve de poca cosa en las artes, para impedir el entusiasmo y negar el genio, eso es todo.