Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¡Qué triste ocupación, la crÃtica, ya que un hombre de ese temple nos da semejante ejemplo! ¡Pero es tan agradable hacerse el pedagogo, reprender a los demás, enseñar a la gente su oficio! La manÃa del rebajamiento, que es la lepra moral de nuestra época, ha favorecido singularmente esa inclinación entre la gente escribidora. La mediocridad se sacia con esa comidita diaria que, bajo una apariencia seria, oculta el vacÃo. Es mucho más fácil discutir que comprender, y charlar de arte, la idea de lo bello, el ideal, etc., que escribir el más pequeño soneto o la frase más sencilla. Con frecuencia he tenido ganas de meterme yo también en eso, y hacer de golpe un libro sobre toda la cuestión. Será para mi vejez, cuando esté seco mi tintero. ¡Qué obra atrevida y original podrÃa escribirse bajo el tÃtulo «De la interpretación de la Antigüedad»! SerÃa la obra de toda una vida. Pero ¿para qué? ¡Música! ¡Mejor, música! Giremos con el ritmo, oscilemos con los perÃodos, bajemos más hondo a las bodegas del corazón.