Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Una cosa que prueba, a mi juicio, que el Arte está completamente olvidado, es la cantidad de artistas que pululan. Cuantos más chantres hay en una iglesia, más hay que presumir que los feligreses no son devotos. De lo que se preocupan no es de rezar a Dios, o de cultivar su jardÃn, como dice Cándido, sino de tener hermosas casullas. En lugar de arrastrar al público a remolque, se arrastran tras él. Hay más burguesismo puro entre la gente de letras que entre los tenderos. En efecto, ¿qué hacen, sino esforzarse, mediante todas las combinaciones posibles, por timar a la clientela? Y además, creyéndose honrados (es decir, artistas), lo que es el colmo del burgués. Para agradar a los parroquianos, Béranger ha cantado sus amores fáciles, Lamartine las jaquecas sentimentales de su esposa, y el propio Hugo, en sus grandes obras, ha lanzado en su intención estrofas sobre la humanidad, el progreso, la marcha de la idea y otras monsergas en las que no cree. Otros, restringiendo su ambición, como Eugène Sue, han escrito para el Jockey Club novelas sobre la alta sociedad o bien para el arrabal Saint-Antoine novelas crapulentas como Los misterios de ParÃs. El joven Dumas, de momento, va a conciliarse a perpetuidad a todo el puterÃo con su Dama de las camelias. Reto a cualquier dramaturgo a que tenga la audacia de poner en escena en los teatros del bulevar a un obrero ladrón. No: allá el obrero ha de ser honrado, mientras que el señor es siempre un bribón, asà como en los Francais la joven es pura, pues las mamás llevan allá a sus señoritas. Creo, pues, que este axioma es cierto, a saber, que la mentira gusta, mentira durante el dÃa y sueño de noche. Asà es el hombre. Excelente narración del viejo Villemain y descripción de la señora Hugo. […]