Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Acaban de dar las tres. Despunta el día, mi fuego se ha apagado, tengo frío y voy a acostarme.
¡Cuántas veces ya en mi vida no habré visto la luz verde de la mañana asomarse a mis ventanas! Antes, en Ruán, en mi cuartito del Hôtel-Dieu, a través de una gran acacia; en París, en la calle De l'Est, sobre el Luxemburgo; de viaje, en las diligencias o en los barcos, etc.
Adiós, mi querida amiga, amante querida.
Tuyo.
[Croisset, 30 de mayo de 1852]
Hay que desconfiar de los mejores afectos, tal es la moraleja que saco de tu carta. Si el discurso de Musset, que me horripila, te ha parecido encantador, y si encuentras igualmente encantador lo que yo he podido hacer o haré, ¿que conclusión sacar?