Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Tus últimas cartas son muy tristes, pobre y querida Louise. Me pareces desanimada; no aflojes. Estabas tan bien hace algún tiempo; me gusta saber que estás tranquila allá, mientras yo me encuentro aquí. Hay muchos momentos en que, si pudiera volar hacia ti para ir a besar tu rostro hermoso y bueno cuando me lo imagino triste, y soñando a solas sobre mil miserias de la vida, lo haría, y me volvería. Ten esperanza, ténla, ahí está todo; las velas no avanzan sin viento, los corazones caen cuando les falta fuelle. He estado muy hundido toda esta semana, en que he escrito más o menos una página. ¡Qué ganas tengo de que esta primera parte quede acabada! Tengo casi la convicción de que es demasiado largo, y sin embargo no veo nada que suprimir; hay tantas cositas importantes que decir… Desde ayer por la noche, no obstante, y sobre todo hoy, la cosa va mejor, y el buen tiempo es sin duda la causa. Este sol me ha deleitado, y por la noche la luna. A esta hora me siento fresco y rejuvenecido.