Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet No, no te haré reproches, aunque me has hecho sufrir mucho esta mañana, de manera extraña y nueva. Cuando he llegado, en tu carta, al tuteo, es como si hubiera recibido una bofetada en la mejilla, he dado un brinco. SÃ, he tenido esa debilidad, y no confesarlo serÃa presumir. Ese hombre me pagará este sonrojo un dÃa u otro, y de forma semejante. Si yo hiciera frases de las de su estilo, te dirÃa que siento la necesidad de matarlo. Pero es cierto que lo apalearÃa con deleite, y que de todo esto me queda un callo bastante sensible. Si alguna vez me pisa, le plantaré el pie en el vientre, y algo más. ¡Ay, mi pobre Louise, tú, tú, haber pasado por eso! Te he visto por un momento muerta en el suelo, con la rueda pasándote por encima del vientre, una pata de caballo en el rostro, en el arroyo, ¡tú, tú, y por su culpa! ¡Oh, cómo querrÃa que volviese, y que me lo plantases en la calle con arrogancia, delante de treinta personas!
Si te vuelve a escribir, contéstale con una carta monumental de cinco lÃneas. «¿Por qué no quiero verle? Porque me repugna, y porque es usted un cobarde.» A lo mejor temÃa comprometerse, bajando a ver si no te habÃa aplastado la rueda.