Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Me oriento hacia una especie de misticismo estético (si ambas palabras pueden ir juntas), y querrÃa que fuese más fuerte. Cuando ningún estÃmulo nos viene de los demás, cuando el mundo exterior nos asquea, nos vuelve lánguidos, nos corrompe y nos embrutece, las personas honradas y delicadas se ven forzadas a buscar en sà mismas, en algún lugar, un sitio más limpio para vivir. Si la sociedad sigue como va, creo que volveremos a ver mÃsticos, como los hubo en todas las épocas oscuras. Al no poder expandirse, el alma se concentrará. No están lejos los tiempos en que volverán los decaimientos universales, las creencias en el fin del mundo, la esperanza de un MesÃas. Pero, al faltar la base teológica, ¿dónde estará ahora el punto de apoyo de este entusiasmo que se ignora? Unos buscarán en la carne, otros en las viejas religiones, otros en el Arte; y la humanidad, como la tribu judÃa en el desierto, adorará a toda clase de Ãdolos. Nosotros hemos venido demasiado pronto; dentro de veinticinco años, el punto de intersección, en manos de un maestro, será soberbio. Entonces la prosa (sobre todo la prosa, forma más joven) podrá interpretar una sinfonÃa humanitaria formidable. Libros como el Satiricón y El asno de oro pueden volver, con tantos desbordamientos psÃquicos como aquéllos tuvieron desbordamientos sensuales.