Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Eso es lo que todos los socialistas del mundo no han querido ver, con su eterna predicación materialista. Han negado el dolor, han blasfemado de las tres cuartas partes de la poesÃa moderna, la sangre de Cristo que bulle en nosotros. Nada la extirpará, nada la agotará. No se trata de desecarla, sino de hacerle riachuelos. Si el sentimiento de la insuficiencia humana, de la vaciedad de la vida llegase a perecer (lo que serÃa consecuencia de su hipótesis), serÃamos más tontos que los pájaros, que al menos se posan en los árboles. Ahora duerme el alma, ebria de las palabras que ha oÃdo; pero tendrá un despertar frenético, en el que se entregará a alegrÃas de esclavo liberto, pues ya no tendrá a su alrededor nada que la moleste, ni gobierno, ni religión, ni fórmula alguna. Los republicanos de todo color me parecen los pedagogos más salvajes del mundo, ellos sueñan con organizaciones y legislaciones, con una sociedad como un convento. Creo, al contrario, que todas las reglas desaparecen, que las barreras caen, que la tierra se nivela. Quizás esta gran confusión traiga la libertad. El Arte, que siempre va por delante, ha seguido al menos esta marcha. ¿Qué poética se mantiene en pie ahora? Hasta la plástica se vuelve, cada vez más, casi imposible, con nuestras lenguas circunscritas y precisas y nuestras ideas vagas, mezcladas, inasibles. Todo lo que podemos hacer es, pues, a fuerza de habilidad, tensar con más fuerza las cuerdas de la guitarra, tantas veces rasgueadas, y ser sobre todo virtuosos, ya que la ingenuidad en nuestra época es una quimera. Además, lo pintoresco casi se va del mundo. No obstante, la PoesÃa no morirá; pero ¿cuál será la de las cosas del futuro? No la veo apenas. ¿Quién sabe? La belleza se volverá quizá un sentimiento inútil para la humanidad, y el Arte será algo que ocupará el espacio entre el álgebra y la música.