Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet La pasión cerebral durante diez años por Hugo me parece igualmente un camelo ciclópeo. El gran hombre tuvo que saberlo, y en consecuencia, aprovecharse, siendo lo golfo que es, a menos que esa pasión sea también una pose. Fíjate que ella nunca hace más que medias confidencias, que no confiesa nada referente a Énault. ¡Hay mucha miseria en el fondo de todo esto! Que mienta a sabiendas, es posible que no. No siempre se ve claro en uno mismo, y sobre todo cuando se habla, la palabra sobrecarga el pensamiento, lo exagera, incluso lo impide. ¡Las mujeres, además, son tan ingenuas, incluso en sus muecas, se toman tan en serio su papel, se incorporan con tanta naturalidad al papel que se han fabricado! Pero, por otra parte, está tan admitida la idea de que hay que ser casto, ideal, que sólo debe amarse el alma y que la carne es vergonzosa, que sólo el corazón es de buen tono. ¡El corazón! ¡El corazón! Ésa es una palabra funesta; ¡y qué lejos te lleva!