Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Las ganas de subir a tu casa, el dÃa en que recibiste el premio, el coche esperando en el portal, bajo la lluvia, etc., eso es cierto, por ejemplo, asà como el hastÃo del peso marital que hay que soportar. Pero no dice que bajo ese peso soñaba con otro hombre, y que, en medio de su asco, quizá disfrutaba debido a ello. Predicción: se acostarán, y al septuagésimo segundo polvo seguirá asegurándote aún que no hay nada, y que quiere solamente a nuestro amigo con el corazón o la cabeza. Ese buenazo de órgano genital es el fondo de las ternuras humanas; no es la ternura, pero es su substratum, como dirÃan los filósofos. Jamás mujer alguna ha amado a un eunuco, y si las madres quieren a sus hijos más que a los padres, es porque les han salido del vientre, y el cordón umbilical de su amor les queda en el corazón sin cortar.
SÃ, todo depende de ahÃ, por mucho que nos humille. Yo también querrÃa ser un ángel; estoy aburrido de mi cuerpo, y de comer, y de dormir, y de sentir deseos. He soñado con la vida de los conventos, con los ascetismos de los brahmanes, etc. Ese asco por los harapos es lo que ha hecho inventar las religiones y los mundos ideales del arte. El opio, el tabaco y los licores fuertes favorecen esa inclinación al olvido, por eso he heredado de mi padre una especie de piedad religiosa por los borrachos. Tengo, como ellos, la tenacidad de la inclinación, y las desilusiones al despertar.