Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Tu pobre fuerza de la naturaleza no estuvo alegre ayer. Hubo que reanudar la tarea y ver cómo caía la semana pasada en el abismo. En fin… Hacia el atardecer hice un esfuerzo iracundo y me incorporé. Pero la vida pasa así, anudando y desatando hilos, en separaciones, adioses, sofocos y deseos. Sí, fue bueno, muy bueno y muy dulce. Es la edad la que produce eso; al envejecer se vuelve uno más grave en sus alegrías, lo que las hace más dulces. […]
Releo a Rabelais con encarnizamiento, y me parece que es la primera vez que lo leo. Ese es el gran manantial de las letras francesas; los más fuertes han sacado agua de él a tazas llenas. Hay que volver a esa veta, a las robustas exageraciones. La literatura, como la sociedad, necesita una rascadera para hacer caer la roña que la devora. En medio de todas las debilidades de la moral y de la mente, ya que todos se tambalean como gente agotada, ya que hay en la atmósfera de los corazones una neblina espesa que impide distinguir las líneas rectas, amemos lo verdadero con el mismo entusiasmo que se tiene por lo fantástico, y a medida que los demás bajen, nosotros subiremos.