Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¡Hace ocho días, ay, a estas horas!… ¿Qué quieres que diga? Pienso en eso. Serán buenos recuerdos para nuestra vejez.
Bouilhet y yo nos pasamos toda la tarde del domingo haciéndonos descripciones anticipadas de nuestra decrepitud. Nos veíamos viejos, miserables, en el hospicio de los incurables, barriendo las calles, y, con nuestra ropa manchada, hablando del tiempo de hoy y de nuestro paseo a La Roche-Guyon. Primero nos hicimos reír, y después casi lloramos. Duró cuatro horas seguidas. Sólo unos hombres tan plácidamente fúnebres como lo somos nosotros son capaces de divertirse con semejantes horrores. […]
Lunes por la tarde [22 de noviembre de 1852].