Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Por lo demás, hay bonitas cosas en este libro: el personaje de Halley, la escena entre el senador y su mujer, la señora Ofelia; el ambiente de la casa Legree, una perorata de Miss Cussy, todo eso está bien hecho. Como Tom es un mÃstico, yo habrÃa deseado más lirismo en él (aunque quizá habrÃa sido menos auténtico, en cuanto a temperamento). Las repeticiones de las madres con sus hijos están archirrepetidas; es como el diario del señorito Saint-Claire, que reaparece a cada momento. Los comentarios del autor me han irritado constantemente. ¿Acaso hay necesidad de hacer consideraciones sobre la esclavitud? Muéstrela usted, y eso es todo. Eso es lo que siempre me ha parecido fuerte en El último dÃa de un condenado. Ni un comentario sobre la pena de muerte (cierto es que el prefacio desloma el libro, si el libro pudiera deslomarse). Mira a ver si en El mercader de Venecia se declama contra la usura. Pero la forma dramática tiene eso de bueno, que anula al autor. Balzac no ha escapado a ese defecto, es legitimista, católico y aristócrata.