Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet El autor, en su obra, debe estar como Dios en el universo, presente en todas partes y visible en ninguna. Como el Arte es una segunda naturaleza, el creador de ésta debe obrar con procedimientos análogos. Que se note en todos los átomos, en todos los aspectos, una impasibilidad oculta e infinita. El efecto, para el espectador, debe ser una especie de estupefacción. ¿Cómo se ha hecho todo esto?, ha de decir, y ha de sentirse aplastado sin saber por qué. El arte griego seguía este principio, y para lograrlo antes escogía sus personajes en condiciones sociales excepcionales, reyes, dioses, semi-dioses. No te interesaban en ti mismo; la finalidad era lo divino. Adiós, es tarde. Lástima, me apetece charlar. Te beso mil y mil veces.
Tuyo. Tu
Sábado, a la una, 11 de diciembre de 1852.