Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Mis lecturas de Rabelais se mezclan con mi bilis social, y se forma con ello una necesidad de flujo a la que no doy salida alguna, y que incluso me estorba, pues mi Bovary está tirada a cordel, abotonada, encorsetada y atada hasta estrangularla. Los poetas son dichosos; en un soneto, uno se alivia. Pero los desgraciados prosistas como yo se ven obligados a interiorizarlo todo. Para decir algo de sà mismos, les hacen falta tomos, y el marco, la ocasión. Si tienen gusto, se abstienen incluso de hacerlo, pues lo menos inteligente que hay en el mundo es hablar de uno mismo.
Sin embargo, temo que a fuerza de poseer ese famoso gusto llegue yo a no poder escribir más. Todas las palabras me parecen ahora desviadas del pensamiento, y todas las frases disonantes. No soy más indulgente para con los demás. Hace unos dÃas releà la entrada de Eudoro en Roma (de Los mártires), que pasa por ser uno de los pasajes clave de la literatura francesa, y que lo es. Resulta muy pedante decirlo, pero he encontrado ahà cinco o seis libertades que yo no me tomarÃa. ¿Dónde está entonces el estilo? ¿En qué consiste? Ya no sé en absoluto lo que significa. Sin embargo, ¡sÃ, sÃ! Lo siento en mis tripas.