Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Dentro de ocho dÃas charlaremos de nuevo a gusto, nos besaremos, nos querremos. La idea de tu alegrÃa, si mi obra triunfa más tarde, no es uno de mis menores apoyos, pobre Musa. Sueño con tu admiración como con la voluptuosidad. Este pensamiento es mi pequeño equipaje para el camino, y lo paso por mi cerebro sudoroso como una camisa blanca. Tú sà que has hecho algo bueno; tu Campesina va a triunfar, si Le Pays la quiere (pero esos señores también han de ser púdicos). Vas a tener en seguida más lectores de los que habrÃas tenido en la Revue.
Bouilhet tiene un divieso en el cuello. Está en disposición enérgica para con Edma, y ha tomado resoluciones. Creo que a mà me van a salir en la nariz. En fin, llegaremos en todo caso a tu presencia el sábado hacia las seis o las siete de la tarde. El Sena se ha desbordado. No sé cómo iré a Ruán. Tendré que tomar el barco, y las horas no coincidirán quizá con el ferrocarril. En todo caso, iremos a cenar contigo, y si de aquà al sábado no recibieses ninguna carta, es que no hay ningún cambio en nuestros planes. Quizá el miércoles o el jueves te mande una notita para decirte: «Voy». Adiós, hasta pronto, dentro de ocho dÃas a esta hora. Tuyo, tuyo. Tu
¿Estás segura de que quieres mis Notas de viaje? Yo creo que ahora más valdrÃa que no las leyeses. Todo lo que es ajeno al trabajo distrae de él.