Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¿Sabes que acabas excitándome con tu inglesa? ¡Pero si es una hica encantadora! Sus declamaciones dramáticas furibundas me agradan mucho. Me dices que es una aristócrata. Mejor, no es algo que le sea dado a todo el mundo. ¿Acaso no somos también aristócratas nosotros, de la peor o de la mejor especie? La única estupidez es el querer serlo. Yo odio a la multitud, al rebaño. Siempre me parece o estúpido o infame por su atrocidad. Por eso las generosidades colectivas, las caridades filantrópicas, suscripciones, etc, me son antipáticas. Desnaturalizan la limosna, es decir, el enternecimiento de hombre a hombre, la comunión espontánea que se establece entre el que suplica y tú. La muchedumbre nunca me ha gustado, salvo los dÃas de motÃn, ¡y aún! Si viéramos el fondo de las cosas… Hay muchos cabecillas dentro, hay instigadores. A lo mejor es más artificial de lo que pensamos. No importa, en esos dÃas hay un gran aliento en el ambiente. Se siente uno embriagado por una poesÃa humana tan amplia como la de la naturaleza, y más ardiente.