Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet […] ¿Sabes que se perfila como un hombre excelente, el tío Hugo? Esa larga ternura hacia su vieja Juliette me enternece. Me gustan las pasiones largas, que atraviesan pacientemente y en línea recta todas las corrientes de la vida, como buenos nadadores, sin desviarse. ¡No hay mejor padre de familia, puesto que escribe a la amante de su hijo que vaya a vivir con ellos! Eso es muy humano y poco pretencioso (si yo hubiera tenido un hijo, habría disfrutado muchísimo procurándole mujeres, y sobre todo las que le hubieran gustado).
¿Por qué ha ostentado a veces una moral tan boba, y qué le ha achicado tanto? ¿Por qué la política? ¿Por qué la Academia? ¡Las ideas recibidas! ¡La imitación!
Las reflexiones que me envías sobre todo esto son justas, y de ellas saco la conclusión de que ese gran hombre ha de estar muy solo en su familia. Todo se agrupa siempre en torno a lo oficial; los débiles van a lo decente, se sienten vagamente apoyados por una mayoría incontable. Allá debe de tener buenas tristezas, con su mujer que le fastidia, Vacquerie que le admira (como el señor Wagner de Fausto) y sus hijos, señoritos que añoran el bulevar. ¡Ay! ¿Por qué casarse? ¿Por qué aceptar la vida cuando Dios ha creado a uno para juzgarla, es decir, para describirla? […]