Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Me dices cosas muy tiernas, querida Musa. Pues bien, recibe a cambio todas las que puedas imaginar, más tiernas aún. Tu amor, finalmente, me penetra como una lluvia tibia, y me siento empapado hasta el fondo de todo mi corazón. ¿Acaso no tienes todo lo necesario para que te ame, cuerpo, inteligencia, ternura? Eres sencilla de alma y fuerte de cerebro, muy poco «pohética» y extremadamente poeta. No hay nada en ti que no sea bueno, y toda entera eres como tu pecho, blanca y suave al tacto. Las que he tenido no valían lo que tú, y dudo que las que he deseado lo valiesen. A veces trato de imaginarme tu rostro cuando seas vieja, y me parece que te querré aún lo mismo, quizá más. Soy, en mis actos del cuerpo y de la mente, como los dromedarios, a los que cuesta muchísimo hacer avanzar y parar, por igual: la continuidad del reposo es lo que me va. En el fondo, nada menos matizado que mi persona, y serás siempre la única querida de tu amante. ¿Sabes que temo volverme estúpido? Me estimas tanto, que debes de equivocarte y acabar por deslumbrarme. Hay poca gente que haya sido cantada como yo. ¡Ay, Musa, si te confesara todas mis flaquezas, si te dijera todo el tiempo que pierdo soñando con mi pisito del año que viene! ¡Cómo nos veo en él! Pero nunca hay que pensar en la felicidad, eso atrae al diablo, pues es él quien ha inventado esa idea para hacer enloquecer al género humano. El concepto de paraíso es, en el fondo, más infernal que el de infierno. La hipótesis de una felicidad perfecta es más desesperante que la de un tormento sin descanso, ya que estamos destinados a no alcanzarla nunca. Afortunadamente, no puede uno apenas imaginársela: es lo que da consuelo. La imposibilidad en que se halla uno de probar el néctar hace que encontremos bueno el vino de Chambertin. ¡Adiós! ¡Lástima que sea tan tarde! Casi no tengo ganas de dormir y aún tenía muchas cosas que decirte, hablarte de tu drama, etc. El martes no hables de Du Camp con Gautier; déjale venir, si quieres que se haga tu amigo. Creo que Bouilhet es un tema que le divierte poco. ¿Es reconocerse mediocre el envidiar a alguien? Mil besos y ternuras.