Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Se ha divagado mucho sobre todo esto, se ha sido más o menos ingenioso, pero siempre ha faltado la base. Falta por encontrar la primera piedra. La crÃtica de las obras del pensamiento se ha hecho siempre desde un punto de vista estrecho, retórico, y la crÃtica de la historia se ha hecho desde un punto de vista polÃtico, moral, religioso, cuando habrÃa que situarse por encima de todo eso, desde el primer paso. Pero se han tenido simpatÃas, odios; luego se han inmiscuido la imaginación, la frase, el amor por las descripciones y finalmente la furia de querer demostrar, el orgullo de querer medir lo infinito y de darle una solución. Si las ciencias morales tuviesen, como las matemáticas, dos o tres leyes primordiales a su disposición, podrÃan avanzar. Pero tantean en las tinieblas, chocan con contingencias y quieren erigirlas en principios. ¡Esa palabra, alma, ha hecho decir casi tantas tonterÃas como almas hay! Qué descubrimiento serÃa, por ejemplo, un axioma como éste: dado tal pueblo, la virtud en él es a la fuerza como tres es a cuatro; asà pues, mientras estéis en ese punto, no iréis allá. Otra ley matemática por descubrir: ¿cuántos imbéciles hay que conocer en el mundo para daros ganas de romperos la crisma? Etc. […]
[Croisset] Martes, una de la madrugada [12 de julio de 1853].