Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Soy poco sensible a esos infortunios colectivos. Nadie se apiada de mis miserias, ¡que se apañen las de los demás! Devuelvo a la humanidad lo que me da, indiferencia. Vete a tomar por saco, rebaño; ¡no soy de la majada! Por otra parte, que cada uno se contente con ser honesto, quiero decir con cumplir su deber y no fastidiar al prójimo, y entonces todas las utopías virtuosas se verán rápidamente rebasadas. La sociedad ideal sería, en efecto, aquella en que todo individuo funcionase en su medida. Y yo funciono en la mía; estoy en paz. En cuanto a todas esas bromas de entrega, sacrificio, abnegación, fraternidad y otras, abstracciones estériles de las que la generalidad de los hombres no puede sacar partido alguno, se las dejo a los charlatanes, a los frasistas, a los chistosos, a la gente de ideas como el señorito Pelletan.