Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Toda mi semana pasada fue mala (ya voy mejor). Me retorcí en un hastío y un asco de mí mismo considerable; me ocurre regularmente cuando he terminado algo y hay que continuar. La vulgaridad de mi asunto me da a veces náuseas, y la dificultad de escribir bien tantas cosas tan comunes, en perspectiva aún, me espanta. Ahora he chocado con una escena de las más sencillas: una sangría y un desvanecimiento. Es muy difícil; y lo que es desolador es pensar que, incluso logrado a la perfección, no puede ser sino pasable, y nunca será hermoso, a causa del propio fondo. Hago una obra de payaso; pero ¿qué demuestra una proeza, después de todo? No importa: «Ayúdate, y el cielo te ayudará». Sin embargo, el carro, a veces, es muy pesado para desenfangarlo. […]
[Croisset] Viernes, una de la madrugada [15 de julio de 1853].