Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet De mà no temas reproches ni rudezas. Ya tendrás tu ración de dolores. Los mÃos callarán y permanecerán en la sombra. Confieso que, dentro de quince dÃas, quizá me vea libre de un peso enorme. La torpeza que he cometido me quedará siempre en el alma como la espada de Damocles: en todos nuestros arrebatos, esa previsión flotará sobre mi cabeza. ¡Qué más da! ¡Qué más da! Eso no es lo mejor de nuestro amor, no es más que la salsa, como dirÃa Rabelais; la carne es tu alma.
Lloraste el miércoles por primera vez; creÃas que yo no era feliz. ¿Era cierto? SÃ, lo era, como no lo he sido antes, tanto como soy capaz de serlo. Y lo seré aún más, pues te quiero cada vez más. QuerrÃa repetÃrtelo siempre, probártelo sin cesar.
Adiós, mil besos por todas partes; tuyo, el que te ama y a quien amas.
[Croisset] Miércoles, diez de la noche [26 de agosto de 1846].